El 15 de septiembre de 1977 la Unión Interparlamentaria adoptó la declaración Universal sobre la Democracia que reafirma sus principios y los elementos prácticos necesarios para un gobierno democrático. Es por ello, que desde 2008 se celebra en ésta fecha el día de la democracia.

Esta fecha es una oportunidad para recordar  que la democracia se ha de centrar en las personas, entendiéndose por Democracia, la forma de convivencia social y organización del estado, donde el poder reside en el pueblo, lo que significa que los ciudadanos pueden elegir a sus gobernantes, quienes son los encargados de tomar las riendas del país.

En los países dónde los gobiernos son democráticos, los ciudadanos tienen el poder de alzar la voz y expresar sus opiniones libremente, sobre temas especiales para la nación y, que éstos sean escuchados por sus gobernantes.

Desde la perspectiva filosófica, la democracia puede representar mucho más que sólo el poder del pueblo, ya que se trata de un sistema social, político y económico de hombres y mujeres libres, pero no sólo ante las leyes, sino también ante la sociedad y en la vida diaria.

¿Pero qué es necesario para que la democracia funcione?

Se necesita la separación de poderes, libertad de expresión, un gobierno carente de corrupción y ciudadanos que sigan las normas y cumplan las leyes.

En un momento como el que hoy enfrenta el mundo, frente a la enfermedad del Coronavirus, la democracia es crucial para asegurar el libre flujo de la información, la participación en la toma de ediciones y la rendición de cuentas por la respuesta frente a la pandemia, ya que es en momentos como este; que los gobiernos deben ser transparentes, receptivos y responsables  en respuesta al Covid-19, para garantizar que cualquier medida de emergencia sea legal, proporcionada, necesaria y no discriminatoria. Respondiendo proporcionalmente a las amenazas inmediatas, mientras protege los derechos humanos y el estado de derecho.

Desde el concepto de la iglesia católica, fue el Papá León XIII, quien apoyó la democracia intentando definir el carácter moral del poder público, encontrando su fundamento en Dios y la Libertad del individuo. Por ello, aconsejó y exhortó a los gobernantes a “que gobernaran con benevolencia y con una postura de amor paterno”.

Mons. Joselito Carreño afirma que desde el punto de vista de la enseñanza social de la Iglesia, un régimen no es igual al otro: las experiencias del siglo XX nos han dejado bien claro que la forma democrática de un Estado y de gobierno es preferible a las otras. Pero para los cristianos católicos la democracia no es simplemente uno de los posibles regímenes entre los cuales es lícito elegir,  sino que constituye un camino obligado: se puede elegir sólo entre diversas formas de democracia y elegir la que haya madurado más la participación ciudadana, la justicia social,  la libertad responsable, la honradez en la administración de los recursos públicos,  del respeto de los derechos humanos,  del cuidado ecológico,  de la independencia de las tres ramas de poderes, promueva la libertad religiosa y respete la independencia de la institucionalidad entre otros.

María Esperanza Castro Torres
Oficina de pastoral de las comunicaciones

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